May, 2020.- La más notable de las profesiones y quizás la más agradecida definida por el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, es para Pedro Miguel Arias Naranjo una vocación que le viene por referencia muy cercana.

"Es una profesión que conozco bien porque mi madre es enfermera, sabía de antemano que es muy sacrificada y comprometida pero, sin dudas, una de las más humanas que existen".

El joven de apenas 29 años de edad y dos de graduado labora en el servicio de Cuerpo de Guardia del policlínico Francisco Peña Peña de Nuevitas, donde recibió la noticia de su primera y más difícil encomienda.

"Una mañana la jefa de Enfermeras me informa que había sido seleccionado para cumplir la misión de combatir esta pandemia en la provincia de Camagüey y estuve totalmente de acuerdo porque sabía la situación por la que estaba atravesando el país y el mundo entero. Dos días después ya nos encontrábamos en el hospital militar Octavio de la Concepción y de la Pedraja de la cabecera provincial donde cumplimos con esta misión".

Intensas fueron las jornadas por 14 días en la institución militar hospitalaria.

"Realizamos turnos de 24 horas, de arduo trabajo y mucho sacrificio, donde se tenían que extremar todas las medidas de bioseguridad pero siempre brindando una atención de máxima calidad".

Sin dudas, la mayor gratificación fue el egreso de pacientes que aun con una alta vulnerabilidad a la COVID-19 ponían cerco a la muerte con la ayuda de la Medicina cubana.

"Una experiencia que me marcó mucho es la del abuelo René, paciente de 82 años que se encontraba con nosotros, el día de su alta médica llorando por la emoción agradecía, gritaba: ¡Gracias, Cuba!

Expresaba que gracias a la Revolución y a la Medicina cubana seguía con vida y disfrutando con su familia, que gracias a los médicos cubanos seguía con vida".

Resultó esta una experiencia inolvidable mientras afloran recuerdos de las jornadas en que el valor se sobrepuso al cansancio porque el deber era salvar, lo dice con orgullo vía Whats App.

"Estos fueron días muy difíciles porque llevábamos varios días alejados de la familia, allí pasamos el Día de las Madres y muchos de nuestros compañeros sus cumpleaños. Lo que más deseaba en esos momentos era estar en la casa, abrazar a mis familiares y estar con ellos, pero ya estamos aquí, hemos culminado esta misión y creo ha sido una experiencia única que me ha enriquecido tanto en lo profesional como personal.

Nunca olvidaré esos momentos durante la permanencia y ver que los pacientes iban recuperándose, recibir su agradecimiento es algo que no tiene precio".

Y antes de concluir, el mensaje de quien vivió de cerca el peligro del SARS-CoV-2:

"Exhortar a nuestro pueblo a que aunque cada día se reportan menos casos positivos a la enfermedad no podemos bajar la guardia, tenemos que seguir extremando las medidas, cuidándonos, protegiéndonos, el aislamiento social es la mejor medida de protección".

Hoy Pedrito está en casa, al abrazo de su mamá, de la que estuvo lejos el segundo domingo de mayo y de los que ama, se une la alegría del deber cumplido y la añoranza de un equipo de valientes que como él, allí en la zona roja, se convirtieron en una gran familia para los pacientes que con su apoyo vencieron al enemigo microscópico con la más valiosa de las armas: el amor y la dedicación del personal camagüeyano de batas blancas.