Radio Nuevitas. Emisora de la Radio Cubana al norte de Camagüey.

Hemingway en Nuevitas

Hemingway en Nuevitas.Jul, 2017.- Cuando estamos a mediados de julio, mes veraniego, los lugareños recordamos a Ernest Hemingway, americano amigo de Cuba y hombre de mar, quien dejó su huella en las costas de Nuevitas.

En múltiples periplos recorrió estas cayerías, vinculándose a la ciudad del nordeste camagüeyano, la que caminó y conoció de la hospitalidad y sencillez de sus moradores.

Entre los meses de julio y octubre de 1934 navegó por la costa norte de la Isla, en el yate Pilar, y después de un largo recorrido vino a echar ancla sobre la ensenada del Guincho en el singular embarcadero de San Fernando de Nuevitas.

Muchas veces, el autor de El Hombre y el Mar, se alojaba en algunos de los hoteles de la calle República, en Camagüey, desde donde se disponía a salir para coger el tren que lo conduciría a Nuevitas.

La práctica más arraigada en él era quedarse en el paradero de San Jacinto para abordar un pequeño yate con el que, muy temprano en la mañana, cruzaba la bahía, entraba en la zona conocida por La Zanja para dirigirse a Boca de Carabelas, entre Cayo Sabinal y Cayo Guajaba, en uno de los ribazos de la entrada del canalizo, a pocos metros, donde alguien había clavado una cruz a pocos kilómetros del extremo Este de Romano.

En Nuevitas, solía hospedarse en una habitación de grandes ventanales y piso de madera, con espacioso balcón mirando al mar, en el hospedaje-restaurante conocido como El Gato Negro, famoso por la calidad de los servicios que prestaba y la exquisita comida marinera que en su salón ofertaba.

En el típico lugar acostumbraba a pedir cangrejos moros, de los que capturaban muy cerca del lugar y masa de cherna, pulpos y camarones, y consumía estofado de carey, ruedas de pato en salsa y escabeche de sierra, pero lo que más le agradaba eran las langostas que el "Isleño", el cocinero se esmeraba en preparar.

En una o dos ocasiones más se hospedó en el hotel Miramar, situado por entonces en la calle Martí, frente al hermoso paseo que se extendía en medio de la vía que le daba acceso y por donde caminó no pocas veces Hemingway.

La taberna de Agustín El Tuerto y el hospedaje de La Colombiana, eran dos edificaciones casi gemelas, que se extendían sobre pilotajes hacia el mar, con cantina, restaurante y hospedaje y una amplia terraza, expuesta a los rigores de las olas del mar, ambos lugares fueron visitados con frecuencia por Hemingway durante los días de la Segunda Guerra Mundial.

Los muelles de Carrera fueron escenario de múltiples conversaciones de este hombre con los pescadores de Nuevitas, quienes acudían hasta el lugar para desembarcar su captura y atracar las embarcaciones para emprender una nueva faena.

Ernest Hemingway solía recorrer, desde el embarcadero, la zona de El Puente y se le veía por La Gran Vía, el hotel Comercio, la Fonda de los chinos, la cafetería El Chorrito, el cine Niza -actual cine Nuevitas-, los villares y el café El Faro.

De esta manera las calles del viejo San Fernando de Nuevitas se vieron honradas con la presencia de este amigo de Fidel que no cejó en su empeño de disfrutar el ardiente sol en esta isla y la sincera amistad de los cubanos, y que los nueviteros le supieron mostrar con creces.

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