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Tiempos de parteras

Tiempos de parteras.Marzo, 2017.- Muchísimas son las huellas que dejó en los lugareños la primera mitad del siglo XX, pero una, por su alcance profundamente humano, caló en el pueblo hasta llegar a estos días en la memoria colectiva como testimonio de un pasado que quedó atrás, ese es el caso de las "parteras".

Conocidas también por comadronas, andaban por el pueblo brindando sus servicios y cumplían la cita con las parturientas. En la mayoría de las oportunidades obtenían el éxito y cuando una criatura o la madre fallecían menguaba su fama.

La habilidad, dedicación, entrega y desinterés personal sin esperar recompensa, y la sabiduría revelada en su actividad, fueron las condiciones que acompañaron las personalidades de las comadronas nueviteras: Dídima Pichardo Mola, Luz Marina Lastre Navarro, Isolina Hinojosa Medrano y Luz Blanca Peláez, en tanto las distinguieron largos años y fructífera vida.

La comadrona empírica Luz Blanca Peláez, de la Casa de Socorro, nombrada por el alcalde de entonces como "comadrona del Ayuntamiento", era buscada por el Doctor Martínez Caballero para los partos de nalgas, pie y transverso, y en la mayoría de las ocasiones no cobraba por su asistencia, mientras Dídima Pichardo Mola se caracterizaba por acudir de forma solícita a los partos domiciliarios en diversos lugares del territorio.

Las comadronas vestían de blanco, las calificadas usaban cofia, maletín negro con pinzas, tijeras, ligaduras, paños, guantes, yodo y la identificaban por tener en las puertas una placa. Asistían a los partos acompañadas por los esposos de las parturientas y valiéndose de sus propios medios.

Permanecían durante todo el trabajo de parto en los hogares, en los que muchas veces les amanecía. Los alumbramientos los realizaban en la mesa o en la cama. A la futura madre le colocaban una tabla debajo de los glúteos, hacían retirar del lugar a todos los familiares y en escasas ocasiones utilizaban ayudantes.

Las limitaciones de su preparación provocaba la solicitud del médico particular para la sutura pues ellas no lo hacían. Utilizaban sus instrumentales para la limpieza y corte, ligadura del cordón umbilical, realizaban cuidados inmediatos al recién nacido y puérpera, y se mantenía visitándolas por tres días.

El instrumental lo lavaban y flameaban, luego envolvían en paños y guardaban en el maletín hasta el próximo parto. Así las parturientas permanecían 45 días sin lavarse el cabello, con medias, en reposo, preferiblemente ingerían caldo de gallina los primeros días y se les prohibía coger sereno.

En aquella época, en que la salud humana era un negocio, las parteras realizaban una loable función social que permitió a los sectores más pobres y menos favorecidos recibir esas exiguas atenciones y cuidados de la salud, aún cuando no siempre recibían el reconocimiento oficial por desempeñar esa labor imprescindible.

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