Ene, 2021.- Mi Fabio no sale de casa sin su nasobuco, aprendió a usarlo desde que tenía siete meses de nacido, cuando la pandemia de Covid-19 decidió recluirnos en casa y solo salir si de necesidad se trataba.

Desde entonces para él es una prenda más a lucir, la que lo acompaña a casa de los abuelos, al círculo infantil o a ver los payasos en el parque Salvador Cisneros Betancourt de esta ciudad costera.

Él, respetuosamente, no se lo toca, aunque a veces le gusta morderlo, lo que impone salir con una buena carga de repuesto.

Incluso en casa juega a ponerse las mascarillas de mamá y papá, y en sus ojazos pícaros resalta el brillo de una travesura.

¿Un milagro, quizás? No, simplemente la comprensión, incluso a su edad tan precoz, de que esa prenda es hoy imprescindible para preservar la salud, así se lo demostramos a diario su padre y yo con el ejemplo.

Les cuento mi historia porque espanta el reporte de 44 menores de 20 años contagiados con el SARS-CoV-2, tan solo en la jornada de este domingo 10 de enero.

La voz y la expresión del doctor Francisco Durán por estos días denotan cansancio y mucha decepción por la irresponsabilidad de una parte del pueblo cubano, justo cuando debíamos ser más conscientes con las medidas higiénico-sanitarias­ y el distanciamiento social para no volver a esa realidad alternativa que fueron los meses entre marzo y septiembre de 2020.

El experto informó este lunes, alarmado, el impacto del nuevo coronavirus en edades pediátricas en la mayor de las Antillas, mil 560 pacientes durante toda la epidemia, ingresados 256 en estos momentos, 61 lactantes contagiados hasta la fecha, 11 de ellos menores de 30 días de nacidos. ¿De quién es la responsabilidad, preguntó?

Como madre me inquieto y preocupo, porque no veo números en su información, sino sonrisas apagadas por el ingreso hospitalario y el aislamiento obligatorio de esos pequeños, el desconsuelo de los progenitores ante el riesgo de un cuadro grave, la incertidumbre de los especialistas sobre alguna posible secuela.

Si bien en Cuba no han existido muertes de niños por la Covid-19 ni estos han evolucionado hacia estados graves de la enfermedad, lo cierto es que el peligro de una complicación es impredecible, una duda que seguro les amarga las vidas a las familias de los más de 200 infantes hospitalizados hoy por resultar positivos a ese enemigo invisible. ¡Si el arrepentimiento matara!

Por mi parte prefiero no pecar de ingenua y extremar siempre las medidas para alejar a la enfermedad de nuestras vidas. Mi Fabio seguirá usando nasobuco, lavándose las manos con frecuencia y siempre lejos de multitudes y de visitantes procedentes del extranjero en tanto no se demuestre su negatividad. Mi tranquilidad y su salud serán mi recompensa.

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