Ene, 2021.- Lograr el autoabastecimiento a partir de producciones locales es una tarea pendiente en Nuevitas, no solo desde los últimos meses por el impacto de la COVID-19, sino mucho tiempo antes de que la propuesta surcara alternativas para la soberanía alimentaria en Cuba en 2018.

Aún con reiterados llamados de atención por sucesivos gobiernos provinciales a potenciar en el municipio la recuperación de terrenos víctimas de perezas productivas, es ese precisamente el término que siembra bajo malezas la presencia de ofertas en el mercado.

Urge así el análisis de lo que a lo sumo deviene una preocupante más para el lugareño y que a las puertas de un 2021 de necesarios cambios en el ámbito económico nacional lo supone también para el agroalimentario.

En la ciudad que prefiero llamar solo industrial, por la casi inexistente oferta agrícola, se suma el incremento de precios que por lógica de mercadeo tiene que ser proporcional a la demanda, una situación que no llegó a la par del ordenamiento monetario.

Es esta una realidad con ascensos desmedidos desde mucho antes cuando se intentó fiscalizar la situación con precios topados que vagamente tuvieron el control y la sistematicidad necesarios para hacerlos valer.

La llamada feria de fin de año es un ejemplo cercano, las hortalizas se resumieron a ajo y cebolla, las viandas a plátano burro y yuca, las hortalizas a lechuga y col en escasas cantidades y precios exuberantes.

Ni hablar de la ausencia de cárnicos y la pobre oferta de productos con potencialidad productiva en el municipio, dígase surtidos lácteos y de la pesca, que dejaron mucho que desear vivir en la capital provincial, un día antes con diversas y variadas ofertas llegadas desde todos los municipios, incluido el de Nuevitas.

Con tristeza viví la desesperación de no pocos y el deseo, muchas veces develado a golpes, de degradación de esencias humanas por obtener ofertas, si bien sabemos escasas a valores razonables y cantidades acordes con una población que asciende a miles.

Y surgen suposiciones que con aciertos o la falta de ellos arrojan interrogantes: ¿Acaso los polos productivos realmente no son suficientes para abastecernos? ¿Por qué no se habla sin tapujos de cifras y producciones reales? ¿A dónde va a parar lo que por derecho tenemos prioridad?

Sin hablar de gestiones, integrar la producción y la comercialización de los sistemas locales de producción de alimentos para satisfacer las necesidades propias de abastecimiento y con productos de calidad es una tarea de primer orden este 2021 que recién inicia.

Es válido acotar que en medio de las complejidades arrastradas por la COVID-19, el ramo agrícola incumplió la entrega de más de medio millón de litros de leche, tuvo atrasos en la preparación de tierras para la campaña de frío y la pérdida de tomate sobrepasó las 200 hectáreas por inclemencias climatológicas.

Mientras, el programa de autoabastecimiento queda a merced de proyecciones futuras y trabajos productivos esporádicos, incumplimientos y mano blanda, por lo que seguiremos careciendo de la aún utópica cifra de 15 libras de viandas, 10 de hortalizas, dos de granos y tres de frutas per cápita todos los meses.

Manos a la tierra y empeño están a tiempo de ser una meta cumplida desde los primeros días de este calendario de tantas realidades por asumir como país.

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