Ene, 2021.- El Héroe Nacional y Apóstol de la Independencia de Cuba contra el colonialismo español, José Julián Martí Pérez (1853-1895), es uno de los más grandes pensadores latinoamericanos del siglo XIX. Sintetizó en su obra todo ese precepto nacional, de la región y de otras áreas geográficas para legarlo a las futuras generaciones.

Su mayor grandeza, afirmó la Máster en Ciencias Edelmira Rodríguez Portal, profesora de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, el haber logrado unir a los cubanos y dejar ese legado para todos los tiempos, el cual tiene plena vigencia en la actualidad.

Para la también integrante de la Unión de Historiadores de Cuba, uno de los aportes del autor de obras notables como La Edad de Oro, Ismaelillo, Versos Sencillos y Versos Libres fue la concepción que dejó sobre la República:

“La revolución no era solo la que se haría en la manigua, sino aquella que se erigiría una vez conquistada la independencia de Cuba, una Revolución verdadera que establecería una República Nueva y diferente a todas las que existía hasta ese momento”, puntualizó la investigadora.

Opinó Edelmira que Martí soñaba con la constitución de una República diferente a la francesa, a las latinoamericanas, a la norteamericana: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, quien agregó que Martí quería una República: “Con todos y para el bien de todos (…) Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella.

Esa República sería el valladar para impedir la expansión del imperialismo norteamericano”, estimó la especialista, quien expuso que “la República de 1902 fue la frustración de ese legado martiano. Desde 1902 hasta el golpe de Estado de Fulgencio Batista fue la castración de todo ese pensamiento del Apóstol.

Entonces, argumentó, en el Partido Ortodoxo se forma una juventud que abogaba por el civismo, el pensamiento martiano, el amor a la Patria y el compromiso con la nación”. Precisó que Fidel Castro Ruz lideró, en 1953, la Generación del Centenario en el cumpleaños 100 del nacimiento de José Martí.

Consideró Edelmira Rodríguez Portal que “Fidel, convencido de que la Revolución tenía que ser obra de una vanguardia nueva trazó una estrategia en la que desempeña un papel importantísimo el pensamiento de José Martí”.

Explicó que los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, el 26 de julio de 1953, dio el inicio de la insurrección popular armada para hacer la Revolución que soñó José Martí.

“En la base de todo lo que se proyectaba, del nuevo programa, contenido posteriormente en La Historia me Absolverá, estaba el pensamiento martiano, por eso que Fidel expresó en el juicio que el autor intelectual fue el Apóstol. Lo dijo con palabras emocionadas y poéticas:

¡Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo, hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba a darle su sangre y su vida para que siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!".

Definió la académica que “evidentemente el programa estaba contenida cinco leyes revolucionarias, en las que contenía los seis grandes problemas que aquejaban a la nación, entre ellas restituir la Constitución de 1940 derogada por Fulgencio Batista (frustrar toda las conquistas logradas en la Revolución de 1930), constitución que contenía las esperanza del pueblo, pero el cuartelazo del 10 de marzo de 1952 interrumpió los sueños”.

Calificó de extraordinaria a la Generación del Centenario, la cual acudió a los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, premiada de las ideas y el pensamiento de José Martí y del ejemplo de Antonio Guiteras.

Puntualizó la profesora de la Universidad de Camagüey que el proceso social cubano está sustentado en la concepción marxista y martiana de la Revolución, que se fortalece aún más con el legado dejado por el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

«(…) el caudal extraordinario de conocimientos que el marxismo encierra, significa para nosotros una ventaja extraordinaria en esta lucha».

«(…) el marxismo no es solo la única verdadera ciencia de la política y de la revolución, sino que desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, es la única interpretación verdadera del proceso de desarrollo de la historia humana», diría también el Comandante en Jefe, en junio de 1962.

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