Nov, 2020.- Todavía recuerdo su voz emotiva y enérgica ante la multitud enorme que acudía a escucharle, esa voz capaz de convencer y aglutinar.

Eterno Comandante, una mezcla de dolor invade mi mente al recordar su partida, pero no voy a estar triste, porque sé que vive en cada uno de nosotros.

Su legado continúa siendo una guía y es que ni la muerte ha podido borrar su memoria en esta Tierra.

Los mensajes que trasmitía se convirtieron en una herencia, un paradigma, invicto Comandante, héroe, líder, amigo, profeta de su tiempo y de la eternidad.

Fidel está presente en esta obra suya que es la Revolución y de la cual las nuevas generaciones son herederas.

Desde niña aprendí a admirarle y aún sigue siendo mi ejemplo a seguir, gracias a él me superé profesionalmente, una oportunidad que tuvimos varios jóvenes sin empleo hace algún tiempo.

Los cubanos todos rememoramos su historia perpetuando su figura de guerrillero que se alza nuevamente contra el tirano opresor e indica el camino a seguir.

A cuatro años de su partida a la inmortalidad, su esencia florece en el alma de su pueblo como una eterna llama de sabiduría infinita que nos enseña cómo amar aún más nuestras raíces y defender a cualquier precio la Patria.

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