Jun, 2020.- En disímiles ciudades de Estados Unidos, especialmente en Mineápolis, hombre y mujeres son enaltecidos por el cruel asesinato de George Floyd. Están en las calles exigiendo justicia.

«Nunca he sentido eso antes: qué triste para nosotros que no podamos ver que todos somos iguales aquí», me escribe una artista estadounidense, ante un dolor supremo que siente como consecuencia de la situación en que se encuentra su país y su entorno.

Ella se halla en un estrés muy alto ante dos epidemias que se vive: el coronavirus SARS-CoV-2 y el racismo: ambas se han convertido en Estados Unidos en epicentro del mundo. Coexisten días, noches y madrugadas tensas.

Califica de espantoso el estruendo, en lo alto de su residencia, producido por los helicópteros, al igual que el ‘ruido’ de la ciudad. «Es un momento de cambios muy necesarios aquí», expresó al referirse a las manifestaciones en contra del racismo en EE.UU.

El asesinato de George Floyd ha conmocionado al mundo. Ocurrió en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad de Mineápolis, Minesota. Es una evidencia la naturaleza inhumana del gobierno de los Estados Unidos.

El 25 de mayo de manera brutal, salvaje y cruel el agente Derek Chauvin, con su rodilla, sofocó a la víctima contra el piso. Desde entonces se genera un movimiento masivo de protestas que el presidente Donald Trump amenazó dispersar con el uso de unidades militares en activo.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar