Feb, 2020.- Es ya una tradición que los nueviteros, especialmente los niños, acudan a ver el dragón Fernando, mascota de grandes dimensiones, que se asoma cada noche de la Semana de la Cultura desde lo alto de la escuela Aurelia Castillo de Nuevitas.

Recuerdo de pequeña cómo esperaba con ansias estas fiestas, en la que noche a noche, y sin excusas, me llevaban mis padres porque no me podía perder ninguna de sus presentaciones. Hoy soy yo la que llevo a mis hijos a la salida de tan querido personaje, y un poco como pretexto para no dejar de disfrutar de su actuación; y es que la niña que vive en mí, aún no se da cuenta que ya creció y prefiere seguir escuchando su potente rugido.

Es como volver a aquellos tiempos cuando la recreación era, a mi modo de ver, un poco más sana, donde el parque de El Cañón, como lo conocemos, se llenaba de las risas en ocasiones y del llanto en otras, de aquellos pequeños a los que les asustaba el emblemático amigo, pero no por eso dejaban de acudir a su cita.

Qué alegría al escuchar mencionar mi nombre en uno de sus saludos, era como si me tomara de la mano para volar con él, y sí, al llegar a mi casa cerraba los ojos y echaba andar mi imaginación, porque juntos jugábamos y nos divertíamos por los aires, y en ocasiones hasta me llevaba a la Punta del Guincho para cuidar la bahía de los ataques piratas.

Llegó el 28 de febrero y terminan las festividades, y por tanto se despide la mascota de Nuevitas, me siento feliz por lo disfrutado en estos días, pero a la vez, mi alma se encoge de tristeza al no contar con su presencia hasta un próximo año, pero sé que allí estará siempre el dragón Fernando, en ese rinconcito guardado de mis mejores recuerdos.

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