Dic, 2019.- En tiempos de agresiones imperiales desaforadas y la difusión de matrices de opinión de irracional falsedad, la ciencia y los cubanos todos celebran, en otro tres de diciembre, el Día de la Medicina Latinoamericana, con júbilo y la frente muy alta, en honor al aniversario 186 de Carlos Juan Finlay Barrés, prominente médico y epidemiólogo.

El doctor Finlay, nacido en Camagüey, ostenta entre sus aportes para la medicina cubana y mundial el descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla; también hizo contribuciones relevantes en el tratamiento del tétanos infantil y en la rama de la oftalmología.

Cualquier espacio hoy resulta pequeño para tratar merecidamente sobre la gloria de este científico, al que una componenda proveniente… ¿adivinen de dónde? Del vecino norteño,  quiso despojarlo de la paternidad de su descubrimiento.

Junto al homenaje al inminente profesional habrá reconocimientos para mujeres y hombres entregados a esa noble profesión, a los más destacados por su historia de vida o contribuciones científicas. Y a los que iluminan el panteón de la Ciencia, un jubileo que enorgullece al pueblo.

E incluso será infaltable el recuerdo agradecido para el médico altruista por antonomasia que fue el Guerrillero Heroico Ernesto Guevara y otros tantos colegas Comandantes de la Revolución.

A nivel nacional, y en medio de las dificultades y carencias que acarrea el bloqueo estadounidense, Cuba cuenta actualmente con 101 mil 619 galenos, una proporción de nueve por cada mil habitantes, la más alta del mundo.

Alrededor de 100 mil estudiantes son matrícula en las diferentes carreras de las Ciencias Médicas, un programa formador de muchos años e indetenible.

El país muestra, hace más de una década, una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco por cada mil nacidos vivos, el 99 por ciento de los partos son institucionales, además se eliminaron 14 enfermedades infecciosas, seis de ellas por el Programa de Inmunización con 11 vacunas, en su mayoría de producción nacional.

Cuba fue la primera nación en eliminar la transmisión vertical madre-hijo del VIH/Sida, un indicador con años de permanencia.

La expectativa de vida de sus habitantes alcanzó 78,45 años, comparable con los países más desarrollados.

Aunque nación pequeña bajo dificultades y agresiones económicas, Cuba también ha irradiado su humanismo al orbe.

A casi seis décadas de iniciada la cooperación, ha colaborado en 164 países con más de 400 mil profesionales, ha ofrecido mil 900 millones de consultas y realizado 13 millones 777 mil intervenciones quirúrgicas.

Las universidades cubanas graduaron 36 mil 962 profesionales de 149 naciones, lo que ha generado un amplio reconocimiento de gobiernos, organizaciones y organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, adscritas a la ONU, y sobre todo de las personas directamente beneficiadas.

Recientemente cumplió 20 años la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), un proyecto sin fines de lucro inaugurado por el líder de la Revolución, Fidel Castro.  Casi 30 mil jóvenes de más de 100 países se convirtieron en médicos en la Isla y ahora velan por la salud de sus coterráneos en sus comunidades.

Loables han sido los aportes a la Misión Barrio Adentro, de Venezuela, con logros masivos irrefutables, y la Operación Milagro que ha devuelto la visión a miles de latinoamericanos humildes, así como el ingente trabajo de los contingentes de la Brigada Henry Reeve, presentes en situaciones de emergencia y catástrofes.

En los últimos tiempos, la administración encabezada por el presidente Donald Trump ha incrementado en cuantía y virulencia sus campañas contra el gesto solidario de los galenos y el humanismo sin tacha de la Revolución Cubana, con afán de destruirla.

Sobresalen los esfuerzos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), al ofrecer una recompensa de hasta tres millones de dólares a organizaciones dentro y fuera del archipiélago, que investiguen las misiones médicas cubanas para detectar y denunciar violaciones de los derechos humanos.

Con variaciones puntuales, según las circunstancias y territorios, pero obedeciendo a inequívocos planes del Imperio, la Antilla Mayor tuvo que suspender la colaboración médica ofrecida a los pueblos hermanos de Brasil, Ecuador y Bolivia.

Sin embargo, los profesionales del sector que trabajaron de manera voluntaria y generosa, sin sentir jamás menoscabo ni esclavitud en los contratos, mantienen la disposición a continuar en la tarea, donde sea necesario, más adelante.

En una ocasión el Líder de la Revolución, Fidel Castro, exclamó al hablar de los internacionalistas cubanos: “Gloria a los nuevos salvadores de vidas, que elevan la noble profesión de médicos a los más altos niveles de consagración y ética que ha conocido el mundo. Ellos encarnan el tipo de médicos que miles de millones de personas pobres requieren con desesperada urgencia."

Ni por un instante, a pesar de las infamias y calumnias, los trabajadores cubanos del ramo han dejado de cumplir con esos preceptos.

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