Abr, 2019.- De pequeña solía quedarme embobada con los cuentos de mi abuela. Y aunque no entendía nada de capitalismo y propiedad privada comprendía en la tristeza de sus ojos la esencia de la necesidad y la pobreza. ¡Pero cómo refulgía su mirada cuando hablaba de 1959!, tal parecía que esa fecha marcaba una pauta diferente en su vida.
Más tarde, con los años y el estudio, pude comprender sus historias, fruto de la experiencia de una vida sometida al régimen del terror, donde los casquitos, como entonces le llamaban al cuerpo represivo de la tiranía batistiana, regalaban culatazos y balas al primero que se interpusiera en su camino.
Hoy, cuando miro sus manos arrugadas, descubro en ellas los montones inacabables de ropa que lavaba y planchaba con solo 14 años para ayudar al sostén de una familia de nueve hermanos.
Pero sus recuerdos no son todos tristes, en esos momentos especiales de nieta y abuela me revelaba con entusiasmo cómo aprendió a leer y a escribir, un sueño que pensó nunca vería realizarse y el cual practica día a día en una libreta de apuntes donde esconde sus vicios de septuagenaria.
Y la satisfacción la colmaba cuando me narraba la época en que se encaramaba en un camión para ir a hacer trabajo voluntario a las escuelas o a los campos cultivados a cosechar. Eran tiempos de juventud y compromiso, tiempos de Revolución.
Que si por fin tuvo escuela para los seis hijos, y un techo firme sobre sus cabezas, y hospital para cuando se enfermaban, todo eso me contaba de carretilla, orgullosa, como para que nada se le escapara.
Cuando recuerdo sus narraciones no puedo hacer más que estar feliz, por ella y por los millones de cubanos que durante 60 años hemos disfrutado de esos privilegios.
En Cuba la Revolución llegó para quedarse, porque como dijera el ilustre poeta camagüeyano Nicolás Guillén, por fin tengo lo que tenía que tener.


Nov, 2019.- Tu muerte fue sólo el peldaño a la inmortalidad, el descanso solemne a tanto andar, el dolor insaciable por la pérdida física y contrario a lo que pensaban tus enemigos la continuidad...