Oct, 2019.- Revivir la historia del 6 de octubre de 1976 sobrecoge el corazón de los cubanos. Un mar de féretros con jóvenes caras coronándolos, rostros anegados en lágrimas, y la voz desesperada del copiloto del CU-455 que gritaba: “¡Pégate al agua, Felo, pégate al agua!” retumban en la memoria cual martillazos.

El crimen de Barbados cometido contra 73 víctimas aún vaga impune por archivos históricos; mientras, millones de voces continúan el reclamo de justicia.

Cada 6 de octubre Cuba vive nuevamente días de terror, y revive el destino de los 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos que perdieron la vida ese día de 1976 en que el triunfo se convirtió en tragedia.

Los perpetradores, contratados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana, reconocieron inescrupulosamente su culpabilidad, pero las artimañas del imperio negaron a las víctimas la paz de ver a sus asesinos tras las rejas.

Y aunque gritaron a la luz pública “Pusimos la bomba, ¿y qué?”, todavía Orlando Bosch, Luis Posada Carriles –ya fallecidos- (autores intelectuales del magnicidio), Hernán Ricardo y Freddy Lugo (autores materiales) no afrontaron las penas de las vidas que cobraron.

Ya han transcurrido 43 años, pero la Mayor de las Antillas no olvida a los hijos muertos en la flor de su existencia, entre ellos estaban los 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima, ganadores de todas las medallas de oro del Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte, quienes habían brillado en nombre de este Verde Caimán.

El sabotaje al avión de Barbados es uno de los actos terroristas más sangrientos de la historia nacional. Año tras año el pueblo recuerda las palabras de Fidel Castro Ruz en el sepelio de los mártires: “Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”, y entonces toda Cuba se estremece.

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