Nov, 2020.- Los Jardines de la Reina guardan interesantes historias, anécdotas, relatos o memorias de hombres y mujeres del mar tropical. Pescadores y pescadoras, quienes encontraron en los cayuelos y laberintos un refugio para vivir y fuente de alimentación desde la etapa de los aborígenes.

Historias de hombres y mujeres curtidos por el salitre, la luna, los vientos huracanados y temporales, de cuyos rostros emergieron arrugas profundas causadas con el transcurrir de los años.

Recorrieron en canoas, rudimentarias embarcaciones, botes veleros o chalanes a remo a favor de la corriente cientos de millas desde tierra firma para erigir rusticas cabañas, chozas o caserones construidos con los troncos arrastrados por las corrientes y el mangle rojo que crece en estos parajes alejados del hedor de las costas cenagosas o el olor a tierra para sentir el limpio aroma del Caribe.

Bajareques con techos de recias pencas del yuraguano que crece en  los cayuelos de disímiles especies autóctonas en un panorama verde como el propio color de la mar, donde en las noches apacibles se duerme con la armonía del rugido de las olas contra la rompiente hasta la luz del crepúsculo para comenzar una nueva vida al percibir la mañana en ese mundo maravilloso y silvestre de mangles sobre suelos hidromórficos.

Las paredes de los rudimentarios caserones se cubrían en épocas lejanas con las pencas de guano de resistente fibra para evitar que en el invierno se colara por las hendijas el viento helado que sopla desde el Este, Oeste, Sur o Norte. Eran chozas con piso de arena de mar, conchas y caracoles dentro de una especie de trapa con troncos de Mangle rojo para evitar que en período de fuertes temporales fueran desprendidos por las marejadas del Caribe.

Primero pescaban en los laberintos o a la zambullida o con rudimentarios arpones o lanzas construidas de Mangle rojo con la punta afilada hasta que llegó el bichero; el cordel, el anzuelo, las plomadas, y la atarraya para capturar las sardinas que sirven de carnada y atracción para atrapar a los peces.

Luego se aventuraban al sur de los laberintos dejando la larga línea verde de la plataforma y cabalgando hasta el mar azul profundo y tenebroso en busca de mejores capturas.

Las manchas de bonito suelen encontrarse en el golfo oscuro custodiados de las gaviotas, fuera de la vista de las cayerías, donde el mar es más grande y el viento sopla muy fuerte. Hoy todo ese universo marino forma parte  del Parque Nacional Jardines de la Reina, al sur de las provincias de Granma, Camagüey, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus que distingue por la fuerte manifestación de distintas especies marinas. Es el más conservado de los grupos insulares cubanos debido a su aislamiento geográfico, según estudios en el que participaron alrededor de 50 especialistas de 17 instituciones del país.

Enriquecen sus 360 kilómetros de extensión el hermoso paisaje de 661 cayos, entre los que sobresalen los agrupados en el Laberinto de Las Doce Leguas, frente a la costa meridional de Camagüey y Ciego de Ávila, embellecido por el horizonte esplendoroso y rico en diversidad marina de Cabeza del Este, Cayo Bretón, Cachiboca y Cayo Rancho Viejo.

En estos parajes la evolución y relativa juventud geológica (Pleistoceno-Holoceno), y la ubicación geográfica de los cayos de ese archipiélago, “hacen que los procesos de la dinámica litoral evidencien inestabilidad, dada a la no existencia en la mayoría de los casos de una roca que aflore y soporte la estructura actual de los mismos”, afirman expertos que participaron en los estudios.

LAS CAYERÍAS

Las cayerías que componen los Jardines de la Reina se caracterizan por tener unidades de panorama de poco desarrollo evolutivo (jóvenes), de extensión relativamente pequeña y gran fragilidad natural, al estar sometida a condiciones físico geográfico extremas derivadas no solo su situación limite entre dos medios naturales distintos (tierra-océano), aseveran investigadores cubanos.

A lo anterior se suma permanecer bajo la influencia de fenómenos y procesos intensos y dinámicos, como fuertes vientos, marejadas, alta evaporación, salinización, sequedad estacional e intenso hidromorfismo, entre otros.

Estos esplendidos paisajes de la geografía cubana sobresalen por el predominio de llanuras acumulativas palustre pantanosas, formadas por depósitos turbo margosos, con bosques, herbazal de ciénega y mangle sobre suelos hidromórficos.

El Parque Nacional Jardines de la Reina se identifica de igual manera por una mar ondulada a ligeramente agitada. Se registran 35 familias de plantas vasculares con 64 géneros y 66 especies demuestran las colectas de campos.

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