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Soldado del magisterio

De todos los oficios, es quizás el de enseñar uno de los que demanda mayor consagraciónManuel Reyna Sedeño y sensibilidad. Enaltecer la obra formadora de los educadores no ha de tener fecha marcada en el calendario. El sacrificio de su trabajo merece siempre el justo reconocimiento.

Hasta hoy, pocos conocían que Manuel Reyna Sedeño, nuevitero sencillo, además de la entrega incondicional a la profesión que ha marcado su vida, guarda entre sus más preciados recuerdos el aporte, desde su trinchera, a la causa del pueblo angolano. Él es uno de los maestros cubanos que, armados con libros y lápices, realizaron su labor internacionalista como parte del Contingente "Frank País" en medio de la épica epopeya en que se fundieron el sudor y la sangre de la República Popular de Angola y Cuba, para preservar la independencia de la nación africana.

- El año 1983 marcó su vida. ¿Cómo aceptó la propuesta para integrar el Contingente Frank País?

- Participaba en el acto provincial por el 26 de Julio en Nuevitas, cuando me propusieron la misión civil como profesor debido a la necesidad de especialistas en Biología. Los preparativos fueron muy rápidos y el día 22 del mes siguiente partí para Angola.

-¿Qué ocurre a su llegada al país africano?

- Arribamos a Luanda en un momento en que muchos internacionalistas cubanos se encontraban en su etapa de descanso en la Isla. Las fuerzas enemigas conocieron de ese desequilibrio, por lo que se tomó la medida de comenzar a uniformar a todos los cooperantes civiles que llegábamos a la capital angolana. Fue algo impactante pero, finalmente, nos dieron la tarea de trabajar en almacenes de suministros.

- Luego tuvo que aprender el idioma portugués en escaso tiempo. ¿Dónde comienza a ejercer sus labores como docente?

- Fui trasladado al departamento de Malanje, al centro del país. Existía allí una Gran Unidad de Tanques bajo tierra y un pequeño aeropuerto que, posteriormente, transformaron en una importante terminal aérea militar para la rápida entrada y salida de cubanos. Ejercí mis labores en el plantel Nicolau Gomes Spencer, donde se cursaban estudios de enseñanza media y en las noches funcionaba como escuela para adultos.

- De su primera vez frente a un aula tiene una anécdota. ¿Cómo fue la experiencia al impartir clases?

Manuel Reyna Sedeño- Mi primera clase no fue entendida por los estudiantes, pues no hablaban portugués, sino un dialecto – sonríe -. Me quedé asombrado cuando dijeron que podía comunicarme en ´portuñol´, lo que para ellos era una mezcla del español, dominado en parte debido al contacto con los cubanos, y el portugués.

"Mis alumnos eran sumamente humildes y muchos vivían en condiciones precarias, pero todos contaban con muy buenos sentimientos. Logramos gran empatía, aún no los olvido

– asegura mientras me muestra una foto junto a su grupo -. Quisiera conocer cómo continuaron sus vidas, estoy seguro de que también me recuerdan."

- Pero, desde su condición de maestros, fueron de gran ayuda para las fuerzas cubanas. Cuéntenos en qué colaboraron.

- Desde nuestra llegada a Angola, nos indicaron la misión de brindar alojo y aseo a las caravanas de cubanos, entregarles ropa limpia y alimentos. Pero no nos limitamos a eso, donamos sangre para los heridos, aportamos una cuota mensual de nuestro sueldo y participamos en la descarga de armas y víveres.

"Sin embargo, lo que más me marcó por su gran carga emotiva, fue la honrosa tarea de preparar y vestir los cadáveres de nuestros compatriotas que eran enviados a Cuba por el Aeropuerto de Malanje.

"Era algo muy duro porque, hasta corríamos el riesgo de que sus cuerpos fueran quemados por el enemigo, por ello teníamos la orden de introducir en su boca la chapilla que llevaban en el cuello. Allí se protegía la numeración para, ante cualquier atentado, poder identificar los cadáveres. Eso lo hacía aún más triste."

- Como profesional realizó otras tareas relevantes. ¿Podría compartirlas?

- Participé en la confección del Breve Manual de Portugués para los cooperantes cubanos. También impartí clases de forma voluntaria al Coronel Ludy Kissassunda, comisario provincial de Malanje, y fui uno de los redactores y editores del boletín Chispazo, dedicado a divulgar la labor de los docentes cubanos.

- La epopeya de Angola sirvió para demostrar el prestigio de la educación cubana. ¿Qué aconseja a las jóvenes generaciones de educadores?

- A los jóvenes, les recuerdo que esta profesión requiere entrega incondicional e infinito amor. Su preparación es muy importante, pues somos modelos a seguir, no solo para nuestros estudiantes, sino también ante la sociedad. Manténganse en constante superación, para llegar a ser los evangelios vivos a que se refería Luz y Caballero.

Manuel Reyna fue testigo de la estrecha unidad y fraternidad de combate forjada entre Cuba y Angola, en su lucha contra las fuerzas que actuaban como instrumento del imperialismo y los racistas sudafricanos.

Su historia de vida relata el heroico aporte de nuestros pedagogos en esta histórica contienda y su firme decisión de llevar el conocimiento a los más difíciles parajes. Nada mejor para sintetizar la labor internacionalista de los docentes cubanos, que la sentencia con que mi entrevistado puso fin al diálogo: "fuimos verdaderos soldados del magisterio".

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