Jul, 2020.- San Fernando de Nuevitas, al norte de la provincia cubana de Camagüey, distingue por su avance industrial, excepcional arquitectura, prominente historia, belleza natural y fascinante puestas de sol. Es una ciudad salpicada de la espectacular mezcla de colores violeta, azul, celeste, verde, amarillo naranja y rojo.

Al apreciar el atardecer en Nuevitas me viene a la memoria un fragmento de la prosa: 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda: “He visto desde mi ventana/ la fiesta del poniente en los cerros lejanos…”.

Es un puerto de mar del norte de Camagüey que se caracteriza por su bella ribera y viejos embarcaderos (como el de los Desengaños, antiguo atracadero de Bagá), que ofrece un paisaje hermoso a la comarca de pescadores, portuarios e industriales.

Tiene su trazado de calles sobre lomas que permiten la visualización de largas extensiones de tierra.

La región sobresale además, por su desarrollo turístico, en el hermoso balneario de Santa Lucía, con 21 kilómetros de playas de aguas transparentes y arena fina color crema, protegidas por una barrera coralina considerada como la segunda más extensa del mundo, solo superada por la Gran Barrera Coralina de Australia.

La navegación por el norte de la provincia de Camagüey nos traslada a la época en la que los españoles erigieron en 1831 el fuerte San Hilario, durante su período de dominación colonial en Cuba, para proteger la entrada a la bahía de Nuevitas. Deviene única muestra de la arquitectura militar del período, ubicado en el extremo oriental de cayo Sabinal.

A la ciudad cabecera municipal, junto a sus columnas predominantes, la diferencian los hermosos vitrales con su decoración vítrea y multicolor radicular que adornaban los arcos de medio punto preponderantes en los principales edificios de los tiempos fundacionales.

Se combinan su escasa carpintería con elementos de cristal que les hacen exhibir una imagen elegante, en tanto utilitaria las que junto a los marcos, las verjas y balaustradas contribuyen a la preservación de los cristales.

Desde el litoral de la bahía se aprecia la grandiosidad de los tres islotes, conocidos en el imaginario de sus pobladores como los Tres Ballenatos, inspiración de artistas visuales. Es un paisaje único que forma parte de los elementos identitarios de la norteña Ciudad Industrial.

Cayo Ballenato del Medio, con 54 metros sobre el nivel del mar, está compuesto por formaciones vegetales tropicales, especialmente los manglares, bosques secos o de matorral xeromorfo costeros, tanto como los verdores micrófilos que embellecen las tres alineaciones: una grande, otra mediana y una pequeña, capricho de la naturaleza, donde percibir la llegada y la puesta de sol: “Ambos, como afirmó Munia Khan, el amanecer y el atardecer son amigos del Sol. Uno le abre la puerta hacia un nuevo día, y otro la cierra para acoger la oscuridad de la noche.

Nuevitas, con una extensión de 415 34 kilómetros cuadrados y una población de alrededor de 60 mil habitantes, recibió la denominación de ciudad, por Decreto Real de fecha 28 de febrero de 1828 y concedida por el monarca español en el año 1846.

La villa de Santa María del Puerto del Príncipe tuvo su primer asentamiento en Nuevitas, exactamente en Punta del Guincho.

Los nombres de Pueblo Viejo y Valle del Chorrito de Lázaro Pinto, al este de la actual norteña ciudad, están confirmados también en documentos del siglo XVIII. Desde el asentamiento se podía observar el mar.

La propuesta de declaratoria de Monumento Nacional del sitio arqueológico Pueblo Viejo fue aprobado por parte de la Comisión Provincial de Monumentos, entre otras razones por constituir espacio con un registro material de ocupaciones humanas precolombinas y de la época colonial.

El área original se encuentra al sur de la península de Pastelillo, en el perímetro septentrional de la bahía, a unos tres kilómetros de la ciudad.

El máster en ciencias Ricardo Ferrer Aluija[1] precisó que “todo empezó después de realizados algunos hallazgos en el sitio nombrado por El Chorrito, muy cerca del lugar conocido como Punta del Guincho en la bahía de Nuevitas, que había aportado múltiples pruebas indicativas de que este fue el lugar donde se fundara entre 1514 y 1515 la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy ciudad de Camagüey.

Ferrer Aluija en su necesario repaso del tiempo recordó que el 20 de noviembre de 1789 en reunión del Ayuntamiento de Camagüey, presidida por el gobernador Francisco Javier Lamadrid, había comparecido oficialmente Pedro Medrano Socarrás haciendo constar que ese día, cedía legua y media de su ascienda, desde la playa hasta el norte, con el interés de que se erigiera aquí, en el ensenado de El Guincho, la ciudad de San Fernando de Nuevitas.

Ilustró que no fue hasta el 25 de mayo de 1821 que el Ayuntamiento, para favorecer sus deseos, acordó atestar el proyecto, presentado entonces por Ramón González Barrera, en el que fundamentó la idea del desmonte y trazado del poblado. 

Según los apuntes de Ferrer Aluija, el proyecto pasó de una comisión que reconoció su conveniencia recomendando su aprobación y acompañó una instancia dirigida por los vecinos del Ayuntamiento para su consentimiento.

Expuso, que un mes después, el 26 de junio, en sesión celebrada por el Ayuntamiento se adoptó el acuerdo para aprobar el proyecto. Se autorizó el establecimiento de la ciudad el 28 de febrero de 1828, fecha que festejan por tradición los habitantes de esa demarcación camagüeyana.

Ricardo Ferrer Aluija resaltó como extraordinaria e histórica la breve estancia en Nuevitas del Mayor General Antonio Maceo Grajales en la preparación de la Guerra Necesaria.

Añadió que había transcurrido una década de dura contienda en los campos de batalla sin que se obtuviera los resultados esperados de la independencia necesaria. Era los días de La paz del Zanjón en la que se inspiraba la más viril actitud de un mulato cubano que se enfrentaba al alto mando español, representado por Arsenio Martínez Campos Antón en la inmortal Protesta de Baraguá (15 de marzo de 1878).

Precisó el estudioso de la Historia de Nuevitas que la estancia de Maceo en la localidad ocurrió el 2 de febrero de 1890 cuando el vapor Manuelita, procedente de Gibara, después de visitar Jamaica y Santiago de Cuba, llegó a la localidad.

Calificó la estancia del también conocido Titán de Bronce como ruidosa porque alguien dio la noticia de quién estaba abordo. Jóvenes y campesinos se disputaron el honor de saludarlo.

Apuntó Ricardo Ferrer Aluija que "una sana y emocionante alegría ponía una nota patriótica de franco optimismo entre aquellos hombres y mujeres del poblado que veían en el héroe cubano la aurora de la liberación próxima".

Añadió que con la llegada de Maceo se desnudaba la propaganda derrotista alimentada por los españoles desde la capital provincial que negaba la existencia, dentro y fuera de la Isla, quien se ocupara de la independencia.

Ahora al verle y escuchar de sus labios la decisión de reiniciar la lucha se marchaban plenos de fe dispuestos a secundarles.

Ese día Maceo ratificó que su vuelta a Cuba no obedecía a otro propósito que la de poner en marcha el movimiento revolucionario.

A los más probados, enfatizó el investigador, los hizo portadores del mensaje para el Marqués de Santa Lucía, los hermanos Mora y otros camagüeyanos, con el objetivo de que estuvieran avisados y pudieran prestar su valiosa cooperación.

Afirmó que ese acontecimiento histórico ocurrió en una ciudad, cuyo pueblo estaba identificado con la causa revolucionaria. El Titán de Bronce "dejó escrito con valentía y su sangre algunas gloriosas páginas de historia de la independencia de nuestro país".

Con el devenir del tiempo en Nuevitas se erigió el teatro Campoamor, inaugurado el 30 de mayo de 1920, devenido, a decir del historiador, importante institución cultural de la ciudad y de la provincia de Camagüey. En su escenario se presentaron prestigiosas figuras de las artes escénicas cubanas, latinoamericana y universal. Se construyó donde hoy se encuentra el cine Nuevitas. Consideró que el majestuoso Campoamor poseía mejor acústica y más alto puntal que el teatro Principal de Camagüey.

En el Campoamor actuaron figuras como Esther Borja, Rosita Forné, Enrique Arredondo y María de los Ángeles Santana, (la Novia de Nuevitas), entre muchos otros.

La actual ciudad industrial distingue por los añejos edificios de finales del siglo XIX y de las primeras décadas del XX, los cuales se diferencian de otras ciudades por las puertas altas, generalmente de cedro o roble, que tributan una inigualable distinción a la urbe que desde varios puntos se aprecia la bahía. 

 

[1] De cómo pudo surgir Nuevitas hay experiencias científicas http://www.radionuevitas.icrt.cu/conozca-nuevitas/3419-de-como-pudo-surgir-nuevitas-hay-experiencias-cientificas.html

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