La Habana, 3 ene.- Las relaciones Estados Unidos-Cuba llegan a este 2020 'en un punto muy bajo', de acuerdo con la cancillería de la isla, debido al deterioro provocado por el recrudecimiento de la política hostil de Washington.

Cuando se escriba la historia de estos días habrá que reservar un capítulo al año 2019 por el modo brutal, demente, podría decirse, en que escaló la agresión a Cuba, prácticamente al ritmo de más de una medida por semana, apuntó recientemente ante el Parlamento el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

Carlos Fernández de Cossío, director general para ese país del Ministerio de Relaciones Exteriores, denunció en diciembre pasado ante la prensa que 'existen personas poderosas en la nación norteña que tienen la intención de provocar el rompimiento de todos los lazos y el cierre de las embajadas de La Habana y Washington'.

La situación recuerda el 3 de enero de 1961, cuando el gobierno estadounidense anunció la ruptura de los nexos diplomáticos con Cuba alegando la supuesta hostilidad de la triunfante Revolución cubana, tras las primeras medidas tomadas para garantizar su soberanía y autodeterminación.

El pretexto en esa ocasión fue la decisión del gobierno de la isla de limitar el personal de la embajada estadounidense en La Habana, de más de 300 a 11 miembros, el mismo número de funcionarios cubanos en Washington, pero en realidad la administración de Eisenhower desde mucho tiempo antes buscaba ese rompimiento.

Las evidencias documentales demuestran que los representantes de la embajada de EE.UU. en La Habana, el Departamento de Estado y el propio presidente Eisenhower llevaban varios meses estudiando la posibilidad de romper los vínculos con Cuba, recuerda el académico cubano, Elier Ramírez.

Esta ruptura ocurrió unas semanas antes del desembarco por la Ciénaga de Zapata, al sur de Matanzas, Cuba, de una brigada contrarrevolucionaria, armada, entrenada y transportada por Estados Unidos.

Más de medio siglo después de esos hechos, en 2014, el entonces presidente Raúl Castro y la administración demócrata de Barack Obama, iniciaron un proceso de normalización de los nexos bilaterales, que permitió la apertura de las embajadas respectivas en ambas capitales y la firma de una veintena de acuerdos de cooperación.

Sin embargo, esos avances se frustraron con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el desmantelamiento progresivo de la política de acercamiento de su antecesor, y el recrudecimiento del bloqueo que impone ese país a la isla hace casi seis décadas.

El pasado año Estados Unidos llegó al extremo de perseguir los embarques de petróleo con amenazas y castigos a empresas de terceros países, tanto navieras como aseguradoras, en el declarado propósito de provocar desabastecimiento y paralizar al país.

De acuerdo con Díaz-Canel, esa agresividad se complementa con un 'intenso y grosero programa de subversión política e injerencia en los asuntos internos de Cuba', que involucra directamente a la embajada de EE.UU en esta capital.

A ese propósito se suman las provocaciones para ocasionar el rompimiento de las relaciones diplomáticas, un escenario que Cuba no desea pero para el cual ha dicho que está preparada.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar