May, 2019.- Variados son los instrumentos y artículos en general que han pasado a la posteridad vinculados a la ciudad de Nuevitas y su historia utilizados en la actividad portuaria y marinera, pero uno de los que más arraigo ha alcanzado por su frecuente uso en el entorno citadino es el catalejo.
Este ancestral instrumento es un anteojo de larga vista, que desde su creación permitió divisar determinados objetivos a grandes distancias, convirtiéndose en cómplice de colonizadores, corsarios, piratas y navegantes en general, quienes acostumbraban a utilizarlos allende los mares prolongando su uso hasta la localidad, asediada a menudo por esos visitantes.
Posteriormente se generalizó aquí el binocular, versión más actualizada del antaño catalejo y que ganó rápidamente popularidad dada su utilización por pescadores y navegantes que desde diferentes puntos de la bahía y sus alrededores se hacían a la mar con disímiles fines.
L
os binoculares o gemelos son instrumentos ópticos que amplifican los objetos distantes. Están formados por dos anteojos idénticos que pueden enfocarse al mismo tiempo por medio de un tornillo de mariposa y que en general se ajustan también de forma independiente para cada ojo.
Ellos están equipados con una pequeña lente cóncava llamada ocular, y un lente convexo mayor denominado objetivo, y en cada anteojo se utilizan frecuentemente dos prismas para desviar el recorrido de la luz, lo que impide la inversión de la imagen que se formaría con la utilización única de dos lentes, y permite que el anteojo pueda ser más pequeño.
Tal ha sido el arraigo de estos útiles en Nuevitas que cuentan que, pescadores fondeados en el centro de la bahía, en noches claras, orientaban sus binoculares hacia la dirección de la iglesia mayor para divisar en el campanario de esta la hora, en el reloj público situado en su torre.
Los binoculares con prismas permiten alcanzar un campo mayor de visión y una amplificación de la imagen, ello siempre justificó la familiar utilización de los lugareños de este instrumento que acercó siempre al hombre de mar a su añorada tierra y la familia que le esperaba.
De esta manera llega el vetusto catalejo hasta estos días, prolongado en la vida de los binoculares, usados también en tierra por pequeños y adultos, convertidos en cotidianeidad, formando parte del acervo cultural del patrimonio tangible e intangible que distingue a esta querida ciudad portuaria del nordeste camagüeyano.


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