Querían matar la inocencia.Oct, 2019.- Corría el año 1967 y yo, de nueve años de edad, cursaba el quinto grado de la enseñanza primaria en la escuela Antonio Maceo de Nuevitas. En ese centro cumplíamos un sistema seminterno en el que nos ofrecían, además de la docencia, merienda y almuerzo; pero este último en más de una ocasión llegó inusualmente a las tres de la tarde, lo que provocaba la inconformidad de los colegiales, por el orquestado plan para matar la inocencia, el ¿por qué?

Pedro Díaz Gaspar, natural de Villa Clara, a mediados de 1962 se trasladó a La Habana e ingresó en la organización contrarrevolucionaria Alpha 66, surgida ese propio año al amparo encubierto del gobierno de los Estados Unidos con un profundo carácter terrorista.

Después de varios lugares de trabajo, este señor llegó en 1965 a Nuevitas y laboró como cocinero de la Empresa de Comedores Obreros y Escolares (ECOE), lugar donde trató de escudarse tras una conducta que lo mostraba como un obrero ejemplar, con lo cual pretendía conquistar la confianza y el prestigio ante los que le conocían.

Con posterioridad, solicitó al Departamento de Vías y Obras su ubicación como cocinero en una unidad nuevitera, lugar en el que fomentó su habilidad de distinguirse, para hacerse de una fachada que le permitiera continuar amasando futuros planes y fechorías, incluso, se desempeñó como administrador del Comedor que fue creado ulteriormente hasta asumir igual función en el central azucarero Noel Fernández del municipio de Minas en aquel entonces.

Retornó a Nuevitas en la propia ECOE desempeñándose como cocinero para tres mil comensales entre obreros y estudiantes, pero en esta ocasión sobresalió al crear conflictos laborales, solicitar incrementos salariales, de personal y el pago de horas extras.

Una profesora, el 26 de octubre de 1967, encontró vidrios en el fondo del recipiente en que se hacía llegar los alimentos a las escuelas. Este había sido su primer intento de un criminal plan que pretendía llenar de luto a un gran número de familias lugareñas.

Días después, volvió a la canallesca práctica, pero el cuidado de los educadores imposibilitó que alcanzara sus macabros fines. En una y otra ocasión el inescrupuloso terrorista viajó en la parte posterior del camión junto con la comida elaborada, lo que supuestamente le impediría que el chofer divisara sus monstruosas acciones.

En las dos oportunidades en que el terrorista esparció vidrio triturado en la comida de los infantes no permitió que a sus hijastras las enviaran a la escuela, lo que constituyó una alerta y con la actuación mancomunada de los Órganos de la Seguridad del Estado y el abnegado ejército de educadores, junto al pueblo cohesionado, impidieron el bestial crimen organizado y financiado desde la potencia del norte.

A 52 años de este hecho pienso en cómo los enemigos de la Revolución Cubana no han cejado en su empeño de destruirla y hemos contrarrestado esos golpes para seguir adelante por un mundo mejor que sí es posible.

Luis Posada Carriles, connotado terrorista por sus acciones, murió impune, aún cuando se confirmó su acción en la voladura del avión que transportaba al Equipo Juvenil de Esgrima en 1976, y otros actos que han costado pérdidas humanas y materiales al pueblo cubano.

Mientras Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, René González y Antonio Guerrero, cinco cubanos, se mantuvieron durante años presos en cárceles norteamericanas por luchar contra el terrorismo.

La mafia cubano-americana no puede tolerar que una pequeña Isla se defienda y avance en su desarrollo pero los nueviteros seguimos en pie de lucha cuidando con celo las conquistas de la Revolución Cubana.

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