Nuevitas, ciudad de aljibes.Oct, 2019.- La condición de ciudad costera sin grandes fuentes de agua potable condicionó la preocupación de los residentes en Nuevitas desde tiempos inmemoriales por hacerse de determinados volúmenes del preciado líquido, que les permitiera -en medio de su marcada escasez- hacer la vida llevadera; en ello un rol importante lo ha jugado el aljibe.

Este era entonces uno de los problemas a los que se enfrentaba la población. Su falta –que a menudo generó pleitos- y su comercio fue de tal importancia que antes de construir una vivienda se hacía primero este útil, convirtiéndose en un elemento típico del paisaje local.

Los aljibes son una especie de cisternas para almacenar el agua de lluvia que, mediante canales metálicos, llega de los rojos techados de tejas criollas o de los de zinc. El sistema incluye un embudo que corona el tubo a través del cual el líquido se vierte en el colosal depósito.

En el centro histórico de esta ciudad industrial camagüeyana un número importante de viviendas aún los conservan, y muchas personas atribuyen a la lluvia acopiada en ellos propiedades que la hacen especial para el lavado del cabello y el blanqueado de las ropas.

Una práctica que llega hasta estos días es el hecho de que después de una gran sequía, y cuando se acerca la época lluviosa, se impide el paso del líquido por los tubos hasta esas cisternas, para que cuando caigan los primeros aguaceros se limpie el techo y el agua recogida con posterioridad no pierda su calidad.

Uno muy singular fue construido en Nuevitas a mediados del siglo XIX en un lugar cercano a la estación del ferrocarril, y al que por su magnitud -cerca de 30 metros de diámetro y un plato de 50 metros cuadrados construido a su alrededor a base de lajas de piedras calizas- se le denominó Aljibe Grande.

En la primera mitad del siglo XX, todavía sin solucionarse el problema del abastecimiento, muchas personas cargaban desde ahí latas de agua que eran vendidas en la zona alta de la ciudad a no más de diez centavos, lo que prácticamente se convirtió en un negocio.

Así, mientras los que viven en la urbe camagüeyana y en otros parajes de la provincia buscaron la solución al almacenamiento de agua mediante los tinajones, los lugareños consiguieron hacer del aljibe una pieza indispensable en la arquitectura local.

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