A Cebrián el trato con el Che le dejó como enseñanzas la modestia, la sinceridad y el espíritu de trabajo, ejemplo que siguió en diferentes colectivos mientras estuvo activo. Oct, 2020.- La legendaria figura del Che caló muy hondo en el pueblo. Varias veces visitó Camagüey como ministro de Industrias, responsabilidad asumida por encargo del Gobierno Revolucionario y a la que imprimió un estilo de organización, control, exigencia, austeridad, humanismo y de rechazo a toda manifestación de adulonería.

Prefería proximidad con los proyectos, como sucedió con el desarrollo que avizoró para Nuevitas, territorio que recorrió para intercambiar con trabajadores y corregir defectos.

Nacieron en la norteña y portuaria ciudad la termoeléctrica 10 de Octubre, el combinado de fertilizantes Revolución de Octubre, la industria del cemento 26 de Julio y la de alambre con púas y electrodos Gonzalo Esteban Lugo.

Che, con su acento argentino, hablaba un lenguaje recto y diáfano. Así lo recuerda Ángel Jorge Cebrián Puig, un camagüeyano de 86 años, vecino de la calle San Patricio, quien atesora varias anécdotas de ese líder.

De viajante Cebrián pasó a trabajar en la delegación provincial del Ministerio de Industrias en 1962. Provisionalmente asumió la jefatura del departamento de pequeñas industrias locales. El nombramiento oficial vino después, suscrito por el Che como ministro de Industrias. Narra que un día el entonces delegado le dijo: “Vamos al aeropuerto que está al llegar el Che”. Cuál no sería su asombro al descubrir que la nave venía piloteada por el guerrillero.

En la casa de visita en el reparto Garrido, el Che sacó la agenda y mencionó los lugares adonde quería ir: las fábricas de bombas de agua Hermanos Steere, la de galletas Paloma de Castilla, Tejas Infinitas y Azorín, en la doble vía al aeropuerto, dedicada a producir materiales de la construcción.

El programa se cumplió. La jornada del día siguiente quedó concretada con la visita a la fábrica de alcohol metílico, en Paso de Lesca, industria artesanal que Cebrián recorría habitualmente y con mayor énfasis después por encargo del Che. Era la única de su tipo en Cuba y de las pocas en América Latina.

UNA ENIGMÁTICA FÁBRICA

Cebrián acompañó al Che en su andar por la planta, la cual, según la nomenclatura de la época, perteneció a la rama química, pero antes de esa fecha él había cumplido la encomienda del Comandante rebelde de conocer las características de la tecnología.

De La Habana vinieron dos ingenieros, una de ellos mexicana, enviados por el Che, quienes se pasaron unos quince días en el lugar copiando cada detalle de la fábrica para construir plantas madre en distintos sitios del país, donde se quemaba leña.

Fábrica alcohol en Paso de LescaFábrica alcohol en Paso de Lesca

Algunas referencias indican que la instalación de la fábrica, ubicada a la entrada del Paso de Lesca, a unos 300 metros del vial principal y cercano a un caserío, la concibió en la década del '50 una familia adinerada de Camagüey, de apellido Sánchez, propietaria de tierras para la explotación ganadera.

La principal materia prima la constituía la leña, proveniente de las cercanas plantaciones forestales, sometida luego a la quema, de la que salía el ácido piroleñoso, conocido como vinagre de madera. Este era utilizado en el mejoramiento de la calidad del suelo, como enraizador y fertilizante foliar, bioestimulante, en cultivos hortícolas establecidos, frutales y como nematicida.

Según Cebrián, luego se obtenía el alquitrán, la flema metílica, el alcohol metílico y la acetona, aunque en otros procesos más modernos podía llegarse hasta 26 derivados. Dice que el tiempo de funcionamiento fue corto y trae a colación que en esa época “las malas lenguas decían que el gobierno americano pagaba un sueldo para que la fábrica no trabajara. El carbón que quedaba, después de quemar la leña, se estimaba como de alta calidad, procesado con calor, pero sin la utilización de oxígeno, que se enviaba para una industria química de Matanzas, mientras el alquitrán era usado en calafatear barcos”.

La desaparición de la fábrica cubiteña pudo estar asociada a que apenas aparecieron en el escenario internacional las sustancias petroquímicas, la madera se volvió antieconómica como fuente de metanol, ácido acético, alquitranes especiales y preservadores. La producción de esta industria requería de muchos cortadores de leña, fuerza laboral muy escasa y contratada en la provincia Granma, la que debía de mantenerse en las tumbas de los montes y extraer los troncos del lugar para someterlos a la fase de secado.

Pablo Vázquez, actual mecánico de la Empresa de Grúas Cubiza, en el reparto Saratoga y residente aún en Paso de Lesca, no había nacido cuando el Che estuvo en la fábrica, donde trabajó su abuelo Severino Vázquez Sánchez, ambos intercambiaron y el anfitrión lo invitó a llegar a su casa, ubicada a corta distancia, a tomar café.

Cuenta que el abuelo fue de brazo con el Che y le dijo a la esposa: “mira a quién te traigo aquí!” y con una contentura tremenda ella respondió: “El Che Guevara”. Hizo café y le brindó dulce.

¿Recuerdas de qué hablaron?

—De trabajo y el Che le habló de la producción. Le gustó todo lo que se estaba haciendo y las producciones que salían: ácido piroleñoso, alquitrán, acetona, alcohol de madera y lo último era el carbón. Vio todo eso y les dijo: “Sigan en eso”.

“Ella en el momento que el Che llegó estaba repasando caligrafía en un manual y él preguntó: ‘¿Vieja, le gusta el estudio?’. Con rapidez respondió que sí”.

En el modesto inmueble de la pareja colgado en la pared un cuadro, donde aparecía Fidel, Urrutia (el primer presidente después del triunfo de la Revolución) y el Che, quien con esas respuestas a veces inesperadas dijo: “Pero el del medio se acobardó”.

Pablo nos cuenta de la visita de Fidel a la fábrica, ocurrida en septiembre de 1966, durante un amplio recorrido del Líder Histórico por la provincia, reseñada en el periódico Granma el 24 de ese mes, bajo la firma de Marta Rojas, quien citó que ese día estaba parada por falta de leña y rotura de una retorta. Tanto él como su abuela y otros vecinos del lugar, al salir de la fábrica le dieron la mano a Fidel, sentado en el yipi.

Para perpetuar la estancia del Che en esos predios, por iniciativa de la delegación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y su representante entonces en Camagüey, Francisco López, en el 2007 se edificó una tarja, en cuya construcción participaron argentinos de una brigada de solidaridad con Cuba.

El día de la inauguración a Pablo le vino el recuerdo del Che y de sus abuelos. Fue un hombre muy admirado y “hubiera querido conocerlo, pero para orgullo mío fui, desde 1984 hasta 1986, caravanero de la Che Guevara en Angola, transporte que llevaba el nombre y la foto de él”.

Cada año estudiantes de la escuela primaria Francisco Rosales acuden al lugar a homenajear al Guerrillero Heroico y con la cooperación de los vecinos mantienen atendido este sitio histórico, desde donde es posible visualizar los horcones que quedan de lo que fue la vivienda de Severino.

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